Ahora mismo, para realizar el presupuesto de un proyecto que la empresa quiere presentar a programas de financiación pública, estoy entretenida realizando los cálculos de amortización y depreciación de los bienes a adquirir. Es un tema que tengo algo oxidado desde que cursé en la carrera aquella bonita asignatura de Organización de Empresas, así que lo primero que toca, por supuesto, es leer y recordar.

El caso es que, leyendo, he empezado a hacerme pajas mentales reflexionar. Si los empleados somos recursos de la empresa, ¿se nos puede considerar como bienes? En mi caso yo sería más un mal que un bien, pero ese es otro tema. Y si somos bienes, ¿somos tangibles? Supongo que sí, porque se nos puede tocar y si no que se lo digan a las sufridas secretarias que aguantan los pellizcos de los babosos de sus jefes.

¿Somos los empleados amortizables? ¿Sufrimos depreciación con el paso del tiempo, a medida que vamos alcanzando el final de nuestra vida útil?

Muchos me dirán que, obviamente, no es así. Que la experiencia es un grado. Que a más experiencia, más valor.

Pues que me expliquen entonces por qué los desempleados de más de 45 años lo tienen tan difícil para encontrar trabajo.